April 27th: poster is not for designers!

poster is not for designers!Diseño: Jorge Garnica

Hoy los diseñadores festejamos el Día Internacional del Diseño. Este día es motivo de congresos, concursos, y celebraciones de todo tipo a nivel mundial. Sin embargo en México particularmente, la cultura del diseño y la conciencia acerca de su importancia en la vida diaria es casi nula; el diseñador es un anónimo cuyo trabajo es muy pocas veces reconocido —a no ser por los mismos diseñadores—.

El diseño es una disciplina importantísima para la vida cotidiana, pues lo artificial —lo que se diseña— está insertado en el código de valores de la sociedad, todo gira alrededor de lo que observamos y consumimos, ya sean productos comerciales, culturales, ideológicos, o de cualquier otra naturaleza; sin embargo, como sabemos, la cotidianidad lo convierte en costumbre y ya nada nos sorprende.

Cuantas veces nos han preguntado, familiares o amigos, cuando les decimos que somos diseñadores: ah, ¿y qué haces exactamente? Suponen, por la información que les llega a través de los medios, que nuestra disciplina es meramente técnica y que se aprende tras 6 meses dando clicks en alguna escuela de computación.

Y no es que la sociedad la aisle e ignore por sí misma, sino son los mismos diseñadores quienes por su impasibilidad y conformismo también se vuelven parte de esta costumbre, encerrando al diseño en una jaula donde sólo los de la misma especie entienden el idioma que se habla dentro. Lo que diseñamos lo ve toda la gente, sí, sin embargo es entre nosotros mismos que nos damos palmadas en la espalda. Organizamos congresos, concursos y celebraciones en las cuales nos reservamos el derecho de admisión.

Por otra parte, el diseño pertenece a élites cerradas, las vanguardias son de unos cuantos, pero es porque solo estos pequeños grupos trabajan de manera apasionada e inteligente. Cuando todos los diseñadores practiquen el diseño con pasión, de manera autodidacta, experimentando e investigando, con inteligencia, tenacidad y sagacidad, y además no estén sujetos a la aprobación del propio gremio, sino a la clara recepción y comprensión de los mensajes que traducimos por parte de la gente, la condición del diseño como profesión será diferente.

La imagen que muestro arriba, la diseñé para el proyecto homenaje al cartel, del colectivo Grito en la Pared.

Regiones, recuerdos: Santiago Robles



Recibí de Santiago Robles, uno de mis nuevos amigos aquí en el DF, la invitación para asistir a la inauguración de su exposición de pintura, titulada Regiones, recuerdos, en donde además de poder apreciar su obra reciente, se podrá difrutar de un momento lúdico y ecléctico con música y charla. A continuación les dejo el prólogo de su obra, escrito por el maestro Gerardo Suzán.


Erre con erre ferrocarril, erre con erre cigarro, erre con erre raíz y razón, texto que inspiró la producción de esta obra, erre con erre regiones recuerdos.

Los recuerdos habitan como nubes flotando en alguna región de nuesro cerebro llamada disco duro, a veces flotan plácidamente, otras de manera tormentosa. El primer recuerdo que tiene la humanidad de sí misma, después de la creación, es el pecado. Y el primer pecado de Santiago Robles es haber estudiado en el Madrid. ¿Cómo es posible que uno del Madrid (o del Cedros o del Williams) llegue a la Escuela Nacional de Artes Plásticas, y que no se pierda un partido de los Pumas? Bien, la reflexión del pecado no es motivo de este texto, pero inevitablemente debo comentar el segundo pecado de Santiago para poder llegar al textoque en realidad me pidió que le escribiera para su exposición. Aparecer en un programa de concurso de televisión... bien, ese fue el segundo pecado (cabe mencionar que gracias a esa participación de Santiago en tal concurso, comencé a creer en este tipo de proramas: antes pensaba que todos los concursantes eran actores contratados o alguna especie de clones especialmente creados para el caso). Después de verlo en la tele, la comunidad —básicamente en la ENAP— intentó crucificarlo, sin embargo él sigue haciendo cosas.

Y ahora sí, el tercer pecado, presentar una exposición a los veintipocos años, , habiendo estudiado en el Madrid y participado en "Cien mexicanos". Creo que Santiago es necio, pues no ha aprendido el riesgo que corre exponiéndose de esta manera, pero tabién creo que la necedad es un impulso que nos lleva a obtener muchas cosas valiosas. Para entrar ahora sí al texto que me pidió, debo decir que la obra de Santiago me lleva a la profunda reflexión de la identidad. Muchos de los jóvenes diseñadores y artistas de nuestro país se han olvidado de los que nos da el origen y nos hace diferentes... y la "rebelde" juventud actual lo ha olvidado aún más. La producción de Santiago busca, ensaya en técnica y composición, nevega por el color y me sorprende en la obsesividad de la solución gráfica. lo que busca es identidad, lo que ensaya en la técnica es la forma de aplicación, el aprendizaje y el conocimiento, la navegación por el color se convierte en una aventura y la obsesiva solución gráfica habla del empeño que pone en la ejecución. Además, la obra nos conduce a diferentes regiones, a veces con la placidez producto de una composición organizada y de la armonía del color, otras nos sumerge en una tormenta.

Creo que este tercer pecado de Santiago habla de su inquietud por hacer cosas y participar en la sociedad con propuestas, y estoy totalmente convencido de que un joven con identidad, propuestas, necedad e inquietudes puede modificar su entorno de una manera positiva. espero poder ver pronto otro pecado de este enapo inquieto que sin duda llegará a donde se lo propone.

Gerardo Suzán.


Regiones, recuerdos


Trabajos recientes de Santiago Robles Bonfil


Abril 25-Mayo 12, 2006
Amoxcalli, Facultad de Ciencias, UNAM
Circuito exterior, Ciudad Universitaria

Inauguración: 25 de Abril, 17:00 hrs.

Hora Pico - Ken Kitano

Fotografía: Ken Kitano. De la serie: Fusión y flujo de la ciudad. Tokio, 1990

Pasaron cinco años desde que comencé a tomar fotos de las vistas y los sucesos que me rodeaban en mi Tokio natal. Desde que alcancé edad de razón y a medida que me fui acercando a la edad adulta, fui consciente de las intensas presiones por convertirme en aquello que me rodeaba, por volverme socialmente homogenizado. Como si esta coerción homogenizadora no bastara, parecía que la sociedad también se convertía –volteara hacia donde volteara- en un vacío ajeno, insondable y hostil, sin dirección y espacio para mí. Los contornos de los objetos desaparecieron, sin dejar términos de comparación. Esta falta de algo que me diera un asidero en la realidad, esta frustración me acechaba constantemente.

No sabía dónde estaba, lo que veía ni lo que pensaba. Pero cada vez que me golpeaba esta incapacidad para percibir mi realidad, quería tomar fotos. Si no veía ese lugar en el que suponía estaba parado con mis propios ojos, a mi manera, sentía que mi existencia estaba en peligro de desaparecer como un cubo de hielo, primero derritiéndose, y luego evaporándose en la nada que nos rodeaba. ¿Qué veo? ¿Y cómo lo veo? ¿Qué herramientas puedo usar para relativizar el mundo a mi alrededor?

Más que buscar escenas inusuales e incidentes azarosos, sentía que tenía que mirar mi realidad cotidiana en términos concretos, examinando mi relación con el medioambiente.

Las primeras fotografías que tomé fueron de las multitudes en las horas pico, en el centro de Tokio. Aquellas que tomé en películas de 35mm en blanco y negro, con exposiciones de segundos, dejaron en la imagen resultante sólo las estructuras de la ciudad inorgánica, hecha por el hombre, de cuyos perfiles las multitudes habían desaparecido por completo: sentía como si la fotografía hubiera capturado, para mí, precisamente ese aspecto de mi visión del mundo. De algún modo me sentí maravillosamente liberado cuando vi que las partículas de la multitud en movimiento se volvían equivalentes a elementos de la foto, como granos de plata en la película, y me vi a mí mismo como una de esas partículas. No era que yo fuera una partícula individual en la multitud o en la sociedad (aunque, en cierto modo, eso es también verdad), sino más bien que el tiempo era la corriente y la base sobre la que existieron todas las cosas de la creación, todos los objetos, todas las cosas vivientes, y que el yo y el presente fueron llevados por la corriente del tiempo. En otras palabras, yo mismo era una partícula en el tiempo y en el presente. Me pareció en ese momento que lo instantáneo de mi propia existencia era al mismo tiempo una confirmación de su certeza y de la inmensidad del universo.

Edición y traducción: Patricia Gola
Fotografía y texto tomados de la revista Luna Córnea, número 19, enero-abril 2000

Fue grato encontrar el trabajo de este fotógrafo –hace ya algunos años-, pues de mis primeros ejercicios con cámara reflex, los que más disfruté fueron los de velocidad de obturación. Pero sobre todo fue sorprendente encontrar -después de esos algunos años- sensaciones de otro en las vivencias propias, una suerte de déja vú interpersonal. Digo esto pues al ser inmigrante en la gran ciudad, experimento precisamente la sensación de ser un grano de plata en la película, un individuo en la gran masa que se mueve incesante, imparable, infatigable; en el tiempo que no se detiene jamás y que sin embargo siempre es el mismo, monótono; en la inercia en la que parece nadie se entera de lo que pasa a su alrededor.

.::Distrito Federal, México::.


*** En un momento dado de la vida, morimos sin que nos entierren. Se ha cumplido nuestro destino. El mundo está lleno de gente muerta, aunque ella lo ignore _ Goethe
*** Un gran circo _ la Maldita Vecindad y los hijos del quinto patio
*** Feliz como pocas veces antes. Con mucho trabajo y poco tiempo.

Yo, como Buba

Ilustración: José Quintero

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